Cooperación Interdisciplinaria en el Estudio de los Desórdenes Psiquiátricos en Chile: Una Deuda Pendiente

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Desórdenes Psiquiátricos en Chile: Una Tendencia en Alza

Durante los últimos años se ha observado una preocupante alza en las tasas de prevalencia de un gran número de desórdenes psiquiátricos a nivel mundial (OMS, 2014)(1). Lamentablemente, Chile no ha estado ajeno a esta tendencia. En el año 2002, un estudio dirigido por Vicente et al. (2002) concluyó que alrededor de un cuarto de la población mayor de 15 años había presentado algún tipo trastorno psiquiátrico en algún momento de su vida, mientras que un quinto de la muestra reportó haber presentado algún tipo de trastorno mental en los 6 meses previos a la realización del estudio. En 2004, la Encuesta Nacional de Discapacidad reportó que al menos una de cada cuatro familias poseía un miembro afectado por algún trastorno de orden psiquiátrico; y en 2012, Vicente et al. (2012) concluyen que un tercio de la población infanto-juvenil chilena presenta algún tipo de trastorno psiquiátrico en un período de 12 meses.

A pesar de la existencia de un vacío informacional importante, las tasas de prevalencia de desórdenes psiquiátricos en Chile son consideradas altas cuando se comparan con los resultados de estudios similares en otros países de Latinoamérica (Vicente, et al. 2012: 455). Esta tendencia no sólo es preocupante desde una perspectiva médica; sino que también parece develar diversas carencias respecto de las distintas formas en que la sociedad Chilena ha enfrentado las diversas aristas de todo aquello que llamamos ‘salud mental’. Tales carencias parecen trascender el orden de lo meramente técnico (creación de políticas públicas, disponibilidad de informes estadísticos, disponibilidad de fondos para el estudio de estos fenómenos, alcance de la atención de sujetos con trastornos mentales en el sistema público de salud, etc.), permeando las diversas maneras en que la academia chilena se acerca al fenómeno. Tras explorar algunas de las deudas más inmediatas que surgen en este contexto y luego de clarificar el porqué de lo interdisciplinario en el estudio de las patologías mentales, este ensayo intentará esbozar algunas formas básicas en las cuales un acercamiento interdisciplinario podría ser implementado en distintos niveles de la academia chilena.

Algunas Carencias en el Entendimiento de las Patologías Psiquiátricas en Chile

Chile presenta carencias de distinta naturaleza cuando de patologías mentales se trata. Una de las más inmediatas se advierte al momento mismo de intentar investigar la prevalencia y epidemiología de estas condiciones en Chile (en definitiva, la existencia de datos). A pesar que se han realizado algunos estudios de prevalencia, la mayoría se han enfocado en poblaciones específicas y parciales con objetivos diferentes; por ello, no es claro que sus resultados puedan ser comparables o que puedan mostrar una radiografía del fenómeno a nivel país (ver: Horwitz y Marconi, 1967; Vicente et al. 2002; Vicente et al. 2012b)(2). Recién en 2012 se conocieron los resultados del primer estudio que intentó mapear el fenómeno en la población infanto-juvenil chilena. Esto es preocupante al observar la alta tasa de prevalencia de desórdenes mentales asociadas a este grupo de la población; lo cual, en el futuro, podría empeorar sus condiciones en tanto no se implementen medidas adecuadas. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha indicado que los trastornos psiquiátricos que se inician en la infancia o adolescencia – que parecen ser los más severos – deben ser una prioridad para la salud pública; por lo tanto, estudios de esta naturaleza deberían ser prioritarios si se desea generar un seguimiento para la proyección de mejoras en la salud mental de la población chilena en general. Tal como podemos advertir, Chile claramente posee una deuda pendiente.

Ahora bien, lo anterior parece relacionarse directamente con una deuda social más profunda. El alza en la prevalencia de los desórdenes mentales en Chile contrasta con la escasez de políticas públicas específicas en temas referentes a su impacto no sólo en los individuos afectados, sino que también en sus familias. Claramente, la carencia del seguimiento sistemático del comportamiento de este fenómeno en la población en general hace difícil la tarea de generar políticas públicas en salud mental de orden específico. Los trastornos mentales conllevan, en la mayoría de los casos, importantes disfunciones de orden familiar, disminución en la calidad de vida, discriminación social, e incluso a problemas económicos (en el caso de individuos que no cuentan con redes de apoyo bien establecidas)(3). Estos problemas se intensifican en un contexto de marcadas desigualdades socioeconómicas (Rodríguez, 2015). De este modo, es importante tener en cuenta que – como señalan Pickett y Wilkinson (2010) – a mayores niveles de desigualdad socioeconómica se observan, también, mayores niveles de prevalencia de enfermedades mentales. Así, la necesidad no solamente radica en el desarrollo de métodos epidemiológicos capaces de representar la relación entre nivel socioeconómico y la presencia de enfermedades mentales; sino que también el fenómeno llama a transformaciones más profundas respecto a las desigualdades socioeconómicas presentes en Chile.

Además, en Chile también existen carencias que tienen que ver con la forma en que se abordan los fenómenos psiquiátricos desde las diversas instituciones enfocadas en su investigación y tratamiento. Dicha carencias se relacionan con un marco conceptual en donde los trastornos mentales no generan desafíos técnicos y socio-políticos solamente; sino que también conducen a profundas discusiones de orden empírico y filosófico (Stip y Letourneau, 2009; Radden, 2009; Bayne, 2013; López-Silva, 2014a). Sin duda, cualquier intervención de orden técnico reproducirá ciertas nociones teóricas. Una de las formas más básicas de visualizar este asunto es cuando preguntamos qué es lo mental respecto de las enfermedades mentales y como éstas serían distintas de las enfermedades de orden puramente físico (López-Silva, 2014b). Esta pregunta parece ser clave al momento de diagnosticar y desarrollar tratamientos para las patologías mentales. Sin embargo, al momento de definir el asunto de lo mental, diversas preguntas de corte filosófico y fenomenológico parecen demandar respuesta: ¿Qué es la mente humana?, ¿Qué se considera normal y patológico cuando nos referimos a la mente humana?, ¿Qué es un desorden mental?, ¿Cómo podemos describir subjetivamente ciertos síntomas?, ¿Qué es lo que el paciente experimenta cuando identificamos cierto síntoma específico en su relato? En este contexto también surgen preguntas de orden empírico: ¿Cuáles son las condiciones biológicas para el desarrollo de ciertos trastornos mentales?, ¿Cómo se relaciona cierta actividad cerebral con la producción de ciertos síntomas psiquiátricos?, ¿Cuáles son los mecanismos neuroquímicos que subyacen a la experiencia subjetiva que reportan ciertos pacientes diagnosticados con trastornos de tipo mental?

Un ejemplo aún más específico de la relación entre lo empírico y lo filosófico en este contexto se da cuando intentamos entender la naturaleza de síntomas psiquiátricos tales como los delirios. ¿Qué son los delirios?, ¿Qué tipo de estado mental es aquel que se instancia cuando sujetos dicen que ‘están muertos’ o que ‘su esposa ha sido reemplazada por un impostor’? (delirio de Cotard y Capgras respectivamente), ¿Son los delirios creencias o, acaso, meros episodios imaginativos experimentados como verídicos? Si lo pensamos bien, sin la debida respuesta a estas preguntas filosóficas, es difícil llegar a comprender la formación de los delirios, lo cual es un asunto de orden más empírico. Una vez que se responde esta interrogante en el orden de lo conceptual, se clarifican las bases para entender este fenómeno como el producto de ciertos déficits en los mecanismos a cargo de la formación de un tipo específico de estado mental(4). A su vez, esto facilita la investigación empírica que podría servir de base para potenciales tratamientos (Coltheart, 2002; 2009).

Es claro que éstas no son las únicas preguntas que surgen en este contexto. Los desórdenes psiquiátricos son fenómenos complejos que conllevan a cuestionamientos de orden político, médico, filosófico, antropológico, sociológico, entre muchos otros más. Si bien una lista de todas las preguntas que surgen del estudio de las enfermedades mentales nos tomaría mucho tiempo, la idea principal acá es entender que tales fenómenos demandan un acercamiento necesariamente interdisciplinario. Un entendimiento plausible de los fenómenos psiquiátricos implica necesariamente una mirada amplia, complementaria y cooperativa entre los investigadores que se aproximan a estos fenómenos.

Si bien este asunto es abiertamente reconocido por un gran número de expertos en el área (Sass, 1992; Parnas y Zahavi, 2000; Fulford et al. 2013; Coltheart, 2009, entre otros), el carácter interdisciplinario no parecer ser característico de la forma en que la academia en Chile ha enfrentado el estudio de las patologías mentales. Esto no significa que no exista investigación ni cooperación en el área. El asunto es que, si bien existe producción de conocimiento, este parece estar aislado. Ya sea por el natural aislamiento que caracteriza a las facultades chilenas, falta de interés, o simplemente por falta de oportunidades, la interdisciplinariedad no parece ser un sello de la academia chilena en cuanto al estudio de las patologías mentales, lo cual debería ser considerado frente a la naturaleza del fenómeno a explicar.

Sin duda, esto es una carencia importante dado que el diálogo entre diversas disciplinas no sólo conlleva a mejores explicaciones de un cierto fenómeno en común, sino que también al enriquecimiento de todas las disciplinas que participan en tal diálogo. Cualquier enfoque unidisciplinar a los fenómenos psiquiátricos ignora la naturaleza compleja de éstos, y, por lo tanto, es solamente capaz de ofrecer respuestas incompletas, y no del todo útiles, a las preguntas que intenta resolver. Tal como he argumentado en otras ocasiones (López-Silva, 2014b), disciplinas como la filosofía de la mente, la fenomenología, la psicología, y la psiquiatría regulan mutuamente su progreso en la interdisciplinariedad; en tanto que sus preguntas de investigación no pueden ser contestadas de manera aislada de las contribuciones de las otras disciplinas. Para que cada disciplina relacionada con el estudio de lo mental progrese de forma plausible, necesariamente deben integrar los análisis de las otras áreas que lidian con el fenómeno en común, en nuestro caso, los fenómenos psiquiátricos (Parnas y Zahavi, 2000; Murphy, 2012). En este sentido, la interdisciplinariedad no es solamente necesaria para elaborar explicaciones completas y plausibles sobre un fenómeno específico, sino que también es una condición para el progreso mismo de las disciplinas envueltas en este diálogo.

Cooperación Interdisciplinaria en el Estudio de los Desórdenes Psiquiátricos: Propuestas Básicas

La cooperación interdisciplinaria en el estudio de las enfermedades mentales ha sido un desafío institucional desde los inicios de la psiquiatría moderna. El mismo Emil Kraepelin, uno de los pioneros en el estudio de la esquizofrenia, tuvo varios problemas para poder acceder a datos, pacientes, e información en general durante la escritura de su “Compendio de Psiquiatría”. Es más, ésta fue una de las razones para emigrar desde Heidelberg a Múnich. Con el tiempo, este tipo de situaciones ha sido revertido poco a poco y la opinión mayoritaria es que la comprensión de los fenómenos psiquiátricos requiere necesariamente una visión interdisciplinaria de carácter institucional. Obviamente, esto requiere una actitud cooperativa y abierta al diálogo, la continua negociación y renegociación de los límites mismos de las disciplinas participantes en diálogos interdisciplinarios, y respeto por la autonomía de las mismas.

Alrededor del mundo, diversos centros ocupados en estudio de diversas aristas de las patologías psiquiátricas han comenzado a incluir equipos multidisciplinarios conformados por psicólogos, médicos, psiquiatras, filósofos, antropólogos, científicos cognitivos, entre otros profesionales(5). El objetivo fundamental es trabajar conjuntamente aportando con los conocimientos proveniente desde distintas líneas de investigación y disciplinas para mapear una comprensión compleja de diversos fenómenos psiquiátricos de interés común. Tal como ya lo he dicho, Chile mantiene una deuda importante en este sentido. Si bien durante los últimos años se han visualizado algunos atisbos de trabajo cooperativo interdisciplinario, en el resto de esta sección se exploran algunas de las formas básicas por medio de las cuales se podría instaurar y fortalecer un enfoque interdisciplinario continuo en el estudio de los fenómenos psiquiátricos en Chile desde las instituciones académicas chilenas.

Una de las formas más elementales de motivar el diálogo interdisciplinario es mediante la creación y fortalecimiento de una formación de pregrado con esta naturaleza. La formación de pregrado es el eslabón fundamental de la preparación profesional en Chile y un cambio de actitud a este nivel, sin duda, podría traducirse en un cambio de actitud en los profesionales del futuro y en las formas de hacer investigación en Chile. Esto requeriría que estudiantes de Humanidades, por ejemplo, pudiesen tener cursos que les ayudasen a evaluar cómo el avance en disciplinas empíricas podrían complementar su formación y líneas de investigación. Muchas veces en las facultades de Humanidades se observa una especie de aversión – incluso ideológica – al conocimiento objetivo de corte empírico en el contexto del estudio de los diversos trastornos mentales. Tal actitud no está alimentada nada más que por el desconocimiento respecto de las consecuencias éticas que ciertas prácticas pueden tener en la sociedad. Por ejemplo, posiciones bastante problemáticas desde el punto de vista conceptual y empírico entienden los trastornos mentales como meras ‘construcciones sociales’ sin correlato empírico (Gergen, 1992). Estudiantes sin la debida preparación en Lógica, Fenomenología, y Neurobiología tienden a adherir a tales teorías sin mayor fundamentación. Este tipo de enfoques implican la negación de la evidencia en Neuropsiquiatría y Neurocognición, además de la negación inmediata de la experiencia subjetiva de los pacientes que sufren de síntomas de carácter mental (López-Silva, 2013). Es de suma importancia que estudiantes de Humanidades pueden ampliar el espectro de su preparación profesional para así arribar a radiografías más fidedignas de los fenómenos psiquiátricos cuando son estudiados desde sus disciplinas(6). Ahora bien, es necesario entender que si bien los trastornos mentales no son completamente construcciones sociales, las nociones de normalidad, patología, y diagnóstico psiquiátrico dependen en gran manera del contexto cultural en el cual se formulan (Cooper, 2004; Gaete, 2008). Esto último, también necesita ser considerado por médicos psiquiatras y psicólogos clínicos a la hora de enfrentar el problema de las enfermedades mentales.

A partir de lo anterior, el fortalecimiento de la interdisciplinariedad en Chile también implicaría que disciplinas empíricas comiencen a explorar sus conexiones con las Ciencias Sociales y Humanidades. En este contexto, es clave que psiquiatras (o aquellos en vías de serlo) accedan no sólo a cursos de ética y bioética (lo que parece ser obvio) sino que también a cursos en Antropología, Fenomenología, Filosofía de la Mente, Psicopatología Filosófica, y Filosofía de la Medicina. Claramente, el influjo de estas disciplinas en la formación profesional de psiquiatras generaría una forma diferente de acercarse a aquello que se denomina ‘trastorno mental’. Por ejemplo, el análisis de la experiencia subjetiva de los pacientes es clave para el diagnóstico psiquiátrico (Parnas et al., 2005); sin la debida preparación en esta materia (proveniente predominantemente desde los estudios en Psicopatología Filosófica y Fenomenología en contexto psiquiátricos) es difícil ver cómo psiquiatras podrían arribar a diagnósticos claros y precisos, que cual es la base para intervenciones clínicas bien definidas, planificadas y enfocadas.

Ahora bien, el fortalecimiento de la interdisciplinariedad puede ser promovido por medio de la diversificación de los planes de estudios de pregrado y postgrado. Sería interesante la oferta de grados profesionales combinados como, por ejemplo, Filosofía y Trastornos Mentales, Psiquiatría y Estudios de la Conciencia, Antropología y Salud Mental, Psicología y Psicopatología Cognitiva, entre otros. La idea es promover la preparación formal en áreas afines con la meta de generar profesionales con grados de especialización necesarios – en pregrado y postgrado – para el avance del estudio interdisciplinario de las enfermedades mentales.

El fortalecimiento de programas de pregrado y postgrado de carácter interdisciplinario debe ir también de la mano de iniciativas institucionales enfocadas en el desarrollo de investigación interdisciplinaria continua. En este contexto, la asociatividad es clave. Actualmente, en Chile existen algunos centros de investigación con intereses de investigación que parecen superponerse. Si el estudio de las patologías mentales requiere un enfoque necesariamente interdisciplinario ¿por qué no asociarse? Es importante recalcar que la asociatividad interdisciplinaria no conlleva solamente a mejoras en las comprensiones del fenómeno en cuestión; sino que, también, podría traer beneficios disciplinares e institucionales. Estos beneficios no tienen solamente que ver con la mejora en el producto final de las investigaciones. En el mismo proceso de investigación, la asociatividad permite flexibilidad sin perder la especificidad y experticia respecto del fenómeno que intenta explicarse; a su vez, respetando la autonomía de los participantes. Asimismo, permite compartir gastos relacionados a la investigación misma y, en muchos casos, abre la puerta para acceder a fondos de investigación que solamente son liberados por instituciones internacionales interesadas en propuestas conjuntas entre distintas instituciones. La asociatividad ha sido también relacionada con incrementos en la producción y productividad, objetivos fundamentales de las instituciones académicas en Chile. Finalmente, la asociatividad que implica la interdisciplinariedad también permitiría la diversificación de los productos y líneas de investigación de las instituciones en diálogo. Esto beneficiaría a estas instituciones en términos de posicionamiento nacional e internacional, en la creación de redes de cooperación internacional y en la proyección del alcance de las investigaciones; lo cual, en definitiva, también colaboraría con el proceso de renovación de la academia chilena.

Conclusión

Durante los últimos años, las tasas de prevalencia de patologías mentales se han incrementado a nivel mundial. Este capítulo ha identificado algunas de las deudas más inmediatas de Chile para con este asunto. El foco primario de atención han sido las formas en que la academia chilena podría implementar un acercamiento de carácter interdisciplinario en la descripción, estudio, y comprensión de los fenómenos psiquiátricos. La interdisciplinariedad en este contexto sería clave no sólo para la generación de una mejor compresión de tales fenómenos, sino que también porque implicaría un beneficio para el progreso de las diversas disciplinas e instituciones que participan en tal diálogo. Todo esto requiere claramente un cambio de mentalidad, lo cual podría verse como una oportunidad considerando el número de investigadores jóvenes que están retornando al país. Ahora bien, podrían existir obstáculos de tipo económico también, pero en esto está el desafío, en motivar y generar las condiciones para que nuestras comprensiones de las patologías mentales se construyan desde un marco interdisciplinario, con todos los beneficios que ello conlleva.

Referencias

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Bortolotti, L. (2010). Delusions and other Irrational Beliefs. Oxford: Oxford University Press.

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Murphy D. (2012). Psychiatry in the scientific image. Denver: Bradford.

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Picket, K. y Wilkinson, R. (2010). Inequality: An Under-acknowledged source of mental illness and distress. British Journal of Psychiatry, Vol. 197, N°6, pp. 426-428.

Radden, J. (2009). Classifying Dysthymia. APA Newsletter on Philosophy and Medicine, Vol. 8, N°2, pp. 8–12.

Sass, L. A. (1992). Madness and modernism: Insanity in the light of modern art, literature, and thought. New York: Basic Books.

Stip, E. Y Letourneau, G. (2009). Psychotic symptoms as a continuum between normality and pathology. Canadian Journal of Psychiatry, Vol. 54, N°3, pp. 140-51.

ÍNDICE

Presentación

Agradecimientos

Capítulo I – Arte, Música y Teatro

  1. Matices Grises: Pieza para Piano Solo
    Marcos Stuardo
  2. “Teatro Aplicado” y Convivencia Escolar
    Juan Francisco Palma
  3. Teatro Chileno y Política: de Macro y Micropolíticas hacia un “Giro Ciudadano”
    Camila González

Capítulo II – Ciudad y Políticas Públicas

  1. Agroindustria Chilena Sustentable: Un Largo Camino que Recién Comienza
    Ximena Schmidt
  2. Comportamiento Peatonal en Espacios de Circulación Tren-Andén
    Sebastián Seriani
  3. Determinantes de la distancia de viaje a la escuela en Santiago de Chile
    Christian Blanco
  4. Drogas Ilícitas: ¿Un Problema de Justicia Criminal o de Política Social?
    Gonzalo Mardones
  5. Riesgos y Desastres en Chile: Las Causas de Fondo de la Vulnerabilidad
    Vicente Sandoval
  6. Movilidad Social en Chile desde una mirada Multidimensional
    Marjorie Baquedano
  7. Vivienda Social como Ciudad: Elementos Ausentes en Chile
    José Manuel Ahumada

Capítulo III – Derecho

  1. Abusos en el Control de Empresas y Propuestas para Chile
    Manuel Ibáñez
  2. El Centro de Principales Intereses del Deudor en el Derecho Concursal Chileno
    Carlos Ellenberg

Capítulo IV – Educación

  1. Docentes y Evaluación: Una Aproximación a las Experiencias Docentes en Torno a la Evaluación en Dos Contextos Educacionales
    Paulina Rojas
  2. Hacia un giro en las reformas educativas para una calidad equitativa
    Pablo Torres y Rodrigo Torres

Capítulo V – Física

  1. La Físca de Partículas en Chile
    Giovanna Cottin

Capítulo VI – Identidad y Cultura

  1. Memoria Colectiva y Patrimonio a través del Lenguaje Rapa Nui
    Catalina Herrera
  2. Mapuche-Warriache e Identidad Étnica Organizacional: Una Mirada Teórica
    Dana Brablec

Capítulo VII – Psicologia y Salud Mental

  1. Cooperación Interdisciplinaria en el Estudio de los Desórdenes Psiquiátricos en Chile: Una Deuda Pendiente
    Pablo López-Silva
  2. Estrategias Colaborativas para subvertir el estigma de vivir con VIH/SIDA
    Angélica Cabezas
  3. Reflexiones sobre el Duelo y el Trauma en la Matriz Social Chilena
    Ignacia Moreno
  4. Salud mental e infancia en Chile: desde la oferta pública a la invisibilización de la infancia actual
    Sebastián Rojas

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