Movilidad Social en Chile desde una Mirada Multidimensional

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Los estudios de movilidad social son una tradición en los análisis sociológicos, pues se considera que una sociedad tiende a ser más equitativa cuando ofrece oportunidades de bienestar material y mejoramiento de la calidad de vida. En Chile, los análisis acerca de cómo las personas mantienen, ascienden o descienden en su posición social han estado enfocados en variables como la ocupación, los años de escolaridad y los ingresos; sin embargo, la incorporación de otras dimensiones y enfoques usados en la investigación internacional aún son muy aislados. Este ensayo propone una revisión de la literatura con el objetivo de revitalizar la reflexión sobre movilidad social en Chile. Además, se detallan algunas líneas de investigación y una serie de recomendaciones metodológicas.

¿Movilidad en un Chile Desigual?

Los estudios de movilidad social han cobrado un renovado interés investigativo en la última década, debido principalmente a su vinculación teórica con la desigualdad social. Dada la extensa evidencia que sitúa a Chile como un país altamente desigual, es esperable que en un escenario de distribución inequitativa de recursos, la reflexión teórica se enfoque en identificar las oportunidades que las personas tienen para aspirar a un mayor bienestar general, o en otras palabras, en sus posibilidades de movilidad social.

En la última década, los altos niveles de desigualdad económica en Chile han sido analizados más ampliamente en la investigación nacional. Además, con la masificación de las redes sociales, la ciudadanía se encuentra más informada y una parte importante de ella manifiesta abiertamente su disgusto frente a las importantes disparidades socioeconómicas en nuestro país. Más aún, la incorporación de Chile desde el año 2010 como miembro en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), reforzó la necesidad de mejorar nuestros indicadores sociales.

Durante las últimas dos décadas, Chile ha logrado importantes progresos en la reducción de sus tasas de indigencia extrema y pobreza, gracias a políticas sociales focalizadas en crear oportunidades de ingreso al mercado laboral y al sistema escolar (CEPAL, 2012). De acuerdo a estadísticas del Ministerio de Desarrollo Social (MIDEPLAN, 2014), la pobreza extrema se redujo de un 13% a un 2,8% en el periodo 1990-2011 mientras que la pobreza experimentó un descenso de 38,3% a 14,4%. Aun cuando existen importantes diferencias cuando se efectúan análisis por género, grupos etáreos, territorio y pertenencia étnica; la tendencia es que Chile presenta mejoras en la reducción global de su población más vulnerable.

Los logros expuestos en esta línea podrían llevarnos a concluir que Chile ha tendido hacia una mayor igualdad, al dotar al sector más vulnerable de recursos y oportunidades para acceder a una mejor posición social. Lo cierto, sin embargo, es que Chile se encuentra clasificado entre los países más desigualdades de América Latina y es el más desigual entre los miembros de la OCDE (CEPAL, 2012). A pesar de que nuestra economía ha experimentado un crecimiento sostenido de alrededor del 5% en las últimas tres décadas, la desigualdad económica, medida a través del coeficiente de Gini, se ha mantenido obstinadamente alta (Kennedy y Murray, 2012). De acuerdo a Espinoza (2012) aún cuando la población chilena ha incrementado sus ingresos laborales y su acceso a bienes y servicios, un análisis específico del 1% más rico manifiesta que sus ingresos crecen mucho más rápido que los del resto de la población, y que sólo este pequeño sector acumula el 17% del ingreso nacional. Algunas estadísticas nacionales revelan que las precarias condiciones socioeconómicas y escasas oportunidades de movilidad social no son exclusivas de los pobres. Grupos socioeconómicos sobre la línea de la pobreza también evidencian problemas para satisfacer sus necesidades básicas. Según datos de la encuesta de caracterización socioeconómica nacional (CASEN), al 2011 los ingresos recibidos por actividades ocupacionales contribuyen alrededor de un 73% al promedio de ingresos familiares. Por lo tanto, fenómenos como la inestabilidad laboral, los bajos salarios y la desregulación contractual afectan fuertemente la economía de los hogares chilenos y sus oportunidades de bienestar futuras. Además, sobre el 70% de los trabajadores chilenos poseen un ingreso laboral inferior a la media nacional, aventajando aquellos hogares con más de un trabajador o cuando la mujer es parte del mercado laboral. Por otra parte, las diferencias entre grupos socioeconómicos manifiestan la desigualdad económica como un fenómeno que va más allá de los extremos. De acuerdo al Ministerio de Desarrollo Social (2014), los grupos de mayores ingresos disfrutan de un amplio acceso a servicios de bienestar, estabilidad laboral y capacidad de consumo, ahorro e inversión. En contraste, los deciles medios y más bajos manifiestan una economía de subsistencia y un frágil estatus socioeconómico, con amenazas permanentes de descenso.

A pesar de sus logros en la reducción de la pobreza, la principal falencia de la política social chilena es que no existe una propuesta integral para enfrentar la desigualdad social. El énfasis histórico en el grupo socioeconómico más vulnerable ha llevado a ocultar las carencias de la población ubicada “en el medio” y a invisibilizar lo que ocurre en el extremo más aventajado. En este escenario, la investigación nacional que aborda la realidad de las clases medias ha proliferado. El análisis de las clase medias en Chile se inicia con la necesidad de reconocer a este segmento de la población como un grupo altamente diverso, pero que se encuentra, en términos socioeconómicos, más cercano a los grupos más desfavorecidos. Las personas “en el medio” expresan continuos sentimientos de inseguridad laboral e inestabilidad económica, porque no cuentan con el capital financiero, cultural y social de las clases más altas, ni son beneficiarios del sistema de protección y apoyo gubernamental orientado a los pobres (Espinoza, 2012; Barozet y Fierro, 2011; Barozet, 2010). Recientes investigaciones se han interesado por indagar en aquellas estrategias utilizadas por las clases medias para mantener su posición social o evitar la movilidad descendente (Arteaga y Martucelli, 2012; Méndez, 2006). Los resultados muestran que las clases medias dependen más del capital social que del capital económico o los logros educacionales, razón por la cual las redes sociales y los denominados “pitutos” son recursos claves para mantener o aspirar a mejores posiciones sociales.

Aunque la desigualdad y la movilidad social son fenómenos estudiados independientemente, en la práctica se encuentran estrechamente conectados. Considerando la vergonzosa brecha de ingresos entre los más ricos y los más pobres y la precariedad en el estatus social de aquellos ubicados en los grupos socioeconómicos intermedios, cabe preguntarse en qué medida existen oportunidades significativas de movilidad social en la sociedad chilena.

Los estudios de movilidad social en Chile han estado focalizados en analizar patrones generales de movilidad en la población considerando a la educación, ocupación e ingresos como variables claves. La evidencia actual da cuenta de los movimientos que se producen en base a ingresos laborales, años de escolaridad y categoría ocupacional u ocupación principal a lo largo de la vida de los chilenos. Sin embargo, el mayor énfasis está puesto en estudios de movilidad intergeneracional comparando el tipo de ocupación y los niveles de escolaridad entre padres e hijos (Núñez y Risco, 2004). Investigaciones posteriores han agregado variables diferenciadoras tales como el género, el territorio, la edad y la etnicidad; reconociendo que existen menores oportunidades de ascenso social en las mujeres, las regiones, los jóvenes y aquellos que pertenecen a una minoría étnica (Mac-Clure y Calvo, 2013; Mac-Clure, 2012; Arriagada, 2010).

Por otra parte, los estudios de movilidad ocupacional se han enfocado en los cambios producidos en la estructura ocupacional por efecto de un nuevo modelo económico implementado en Chile durante el gobierno militar (Espinoza, 2006; Torche, 2005; Torche y Wormald, 2004). La reducción de la clase trabajadora vinculada a la industria y la agricultura, un descenso en la clase trabajadora dependiente del sector público y una creciente clase de servicios que emerge debido a las transformaciones productivas en Chile, han sido los procesos analizados en mayor profundidad. Las principales conclusiones muestran un énfasis en movimientos horizontales y de corto alcance entre ocupaciones del sector servicio. Sin embargo, dado que estos movimientos se producen en mercados laborales informales e inestables, no se trata de transiciones que involucren necesariamente un ascenso en el estatus social (Espinoza y Núñez, 2014; Torche y Wormald, 2004; Filgueira, 2001).

En términos de ingresos, Chile evidencia hoy más fluidez que en la última década, debido a cuatro factores claves. Primero, el impacto positivo de las políticas sociales para enfrentar la pobreza que conducen a incrementar los ingresos disponibles de los hogares chilenos. Segundo, el mayor número de trabajadores independientes, los cuales poseen más control en la búsqueda de oportunidades para incrementar sus ingresos. Tercero, las escasas barreras para cambiar de trabajo dentro de la oferta dispuesta en el sector servicios e ir en busca de mejores salarios. Finalmente, la expansión de la oferta educacional, que favorece un mayor acceso hacia la obtención de credenciales educativas y su posterior efecto positivo en los ingresos (Espinoza y Núñez, 2014; Espinoza, 2012; Núñez y Miranda, 2011).

En términos educacionales, aun cuando Chile expone un gran acceso al sistema educacional en sus diversos niveles y una población actual más escolarizada que en generaciones pasadas, también evidencia un importante componente hereditario a través de la transmisión intergeneracional de oportunidades educacionales. Por ejemplo, Núñez y Miranda (2011) encontraron que la escolaridad de los padres es un buen predictor de la movilidad de ingresos en sus hijos, de modo que las personas con padres más educados tienen más probabilidades de contar con buenos ingresos en el futuro. Huerta (2012) examinó la relación entre la riqueza de la familia de origen y la escolaridad de los padres con el futuro estatus socioeconómico del niño(a), encontrando que aquellas familias más aventajadas en términos económicos y educacionales transmiten potenciales beneficios a sus hijos e hijas.

Algunos estudios de movilidad educacional han analizado extensamente las desigualdades educativas como efecto de la segregación socioeconómica en el sistema educacional chileno. Las disparidades se producen por la existencia de establecimientos educacionales de formación primaria y secundaria que segregan a los estudiantes principalmente según su estatus socioeconómico de origen. De esta forma, aquellos estudiantes que provienen de familias pertenecientes a los sectores más acomodados tienden a asistir a establecimientos particulares, en contraste con los estudiantes de menos recursos que acceden a la educación municipal o subvencionada. Lamentablemente, la investigación actual da cuenta que existe una relación directa entre el tipo de establecimiento y la calidad de la educación recibida, de modo que aquellos que pueden pagar garantizan mejores credenciales educativas para sus hijos (Cartagena, 2014; Elacqua, 2009).

A nivel de educación superior, Chile destaca como un país excepcional en América Latina en términos de acceso y niveles movilidad educacional intergeneracional en la última década. Sin embargo, la obtención de credenciales educativas especializadas está siendo cuestionada como mecanismo efectivo de movilidad social. Algunos hallazgos muestran que la acelerada expansión educacional no tiene una relación directa con un mejor estatus socioeconómico, medido principalmente en términos de mejores ingresos. Algunas investigaciones en Chile exponen que el género, el territorio en el que se reside y el estatus socioeconómico del hogar de origen, influyen de forma importante en la obtención de ingresos, limitando la efectividad de la educación como medio para una movilidad ascendente (Azevedo y Bouillon, 2010; Torche y Wormald, 2004). Otros estudios dan cuenta que la educación ha perdido su capacidad de generación de oportunidades de movilidad y reducción de desigualdades de origen debido a los cambios en el mercado laboral actual. Aunque subjetivamente (y especialmente para las clases medias) el proseguir estudios superiores es la gran alternativa para alcanzar un mejor bienestar en el futuro, en términos objetivos la población chilena reconoce la desvaloración generalizada de las calificaciones educacionales. La relación entre más educación y mejores ingresos y opciones laborales ya no es tan clara, debido a que el mercado laboral ha tomado ventaja de una población trabajadora más educada, sin necesariamente retribuir económicamente a la inversión efectuada. Por otro lado, las personas pertenecientes a las clases medias y bajas aun cuando muestran mejores niveles de escolaridad respecto a sus padres, no reportan estar satisfechos con sus actuales posiciones sociales, ni en términos económicos, ni en términos de prestigio o estatus social (Cartagena, 2014; Barozet, 2010; Méndez, 2006).

Más allá de las dimensiones que conforman la clásica triada ingresos-ocupación-educación para evaluar movilidad social, la conclusión general es que Chile registra movimientos ocupacionales y de ingresos de corto alcance sin un real impacto sobre la obtención de recursos y acceso a bienes y servicios. A nivel educacional, aunque es posible observar un flujo ascendente, éste tampoco tiene un efecto significativo, porque variables vinculadas a la excesiva oferta educacional y a las características propias del mercado laboral están influyendo sobre los patrones de movilidad social.

Futuras Líneas de Investigación y Recomendaciones

A pesar de que la investigación nacional parece reconocer que los análisis sobre cómo las personas mantienen, ascienden o descienden en su posición social requieren de una aproximación más compleja, lo cierto es que los esfuerzos investigativos son aún escasos y aislados en Chile. Al contrario, la evidencia internacional ha superado la clásica tríada para analizar la movilidad social incorporando un enfoque multidimensional analizando estructuras más específicas en las cuales los individuos se ven involucrados. Si bien la educación, ocupación, e ingresos continúan siendo dimensiones claves, éstas son analizadas utilizando indicadores y técnicas que intentan capturar la multidimensionalidad del problema.

Desde una perspectiva macro, algunos estudios se han enfocado en evaluar el impacto del mercado laboral sobre las oportunidades de bienestar de las personas analizando el efecto de la inestabilidad laboral, las escasas regulaciones laborales, la reducción de beneficios laborales, oportunidades de asociatividad y el incremento de trabajos independientes o sin vínculos contractuales (Silva y De Figueiredo, 2013; Colin y Warwick 2012; Hofman, 2000; Koch, 1999). Por lo tanto, no se trata exclusivamente de análisis de transiciones entre grupos o categorías ocupacionales, sino que de visualizar impactos concretos en el bienestar de la población económicamente activa. En otra línea, pero también a nivel macro, algunas investigaciones han evaluado cómo los cambios que sufren algunas estructuras claves de la vida social afectan los patrones de movilidad social. Entre las más estudiadas se encuentran las estructuras familiares y reproductivas, así como el impacto del sistema económico y educacional existentes. (Beller y Hout, 2006; Van Leeuwen y Maas, 2010; Semyonov y Gorodzeisky, 2012). Particularmente en Chile, sería necesario indagar sobre el impacto de la excesiva oferta educacional y las características del mercado laboral en las oportunidades de movilidad social, superando aquella evidencia basada exclusivamente en los movimientos entre categorías ocupacionales, sectores económicos y máximos niveles educacionales obtenidos.
A un nivel micro, los tópicos enfatizan la transferencia de recursos y oportunidades a nivel familiar, con un interés por conocer de qué forma las redes e influencias de los padres afectan el éxito y la carrera de sus hijos (Musick y Mare, 2004; Bowles et al. 2005; Widmer, 2006; McIntosh y Munk, 2009; Wong, 2010; Bison, 2011; Fismen et al. 2012; Bukodi y Goldthorpe, 2012; Lampard, 2012). En otros casos, los esfuerzos se han enfocado en identificar aquellos factores que marcan una diferencia entre las oportunidades individuales de movilidad social. El objetivo tras este tipo de estudios es conocer cuáles son los factores críticos que permiten promover oportunidades, incluso más allá de los orígenes o el peso de variables adscritas como el género o el origen étnico. Entre las dimensiones analizadas en mayor profundidad se encuentran el impacto de las redes sociales, el capital cultural de la familia de origen, y el estatus socioeconómico familiar sobre el bienestar personal y del hogar. Otros estudios pretenden identificar el efecto de características personales, tales como el mérito, la personalidad o la inteligencia sobre las oportunidades existentes en etapas críticas de la vida de los sujetos, así como su capacidad para tomar ventaja de las mismas (Korpi, 200; Mouw, 2003; Calvo y Jackson 2004; Widmer 2006; Meier y Holm, 2007; Napel y Schneider, 2008; Fismen et al. 2012; Shane y Heckhausen, 2013). Otra línea de investigación analiza el impacto de factores subjetivos sobre el bienestar y satisfacción con el estatus social actual. De esta forma, algunos indicadores incluyen información sobre la participación social, el bienestar físico y mental, la existencia de redes cercanas de apoyo y la satisfacción laboral, entre otros (Van de Werfhorst y Salverda, 2012; Tieben et al. 2013).

Considerando la evidencia internacional, la investigación chilena debería tender desde una perspectiva macro basada en la tríada ocupación-educación-ingresos hacia una perspectiva micro basada en grupos de interés y/o trayectorias individuales.

Un punto a destacar es que los estudios de movilidad social a nivel internacional parecen transitar desde el análisis del efecto de las estructuras sociales en las oportunidades de movilidad social hacia el efecto de las estrategias individuales sobre la posición social y las oportunidades de bienestar. Aunque el impacto en la movilidad social absoluta por parte de variables vinculadas a cambios sociales, políticos, económicos y demográficos es innegable; lo cierto es que se sabe mucho menos acerca de los patrones específicos de movilidad social a lo largo de la vida de las personas y en etapas críticas de su desarrollo. Por otra parte, la existencia de movilidad social en contextos altamente desiguales ha llevado a preguntarse de qué forma los individuos son afectados a lo largo de sus vidas y si los movimientos implican un impacto significativo en la calidad de vida de las personas. Considerando que Chile es reconocido como un país altamente desigual, investigaciones focalizadas en la relación movilidad-desigualdad se vuelven absolutamente necesarias para reconocer nuestras particularidades.

Ciertamente, esta renovada perspectiva en los estudios de movilidad social, abre una nueva área de investigación, en la cual no sólo se reconoce el impacto de las estructuras sociales sobre los individuos, sino que también la capacidad de éstos últimos para crear sus propias estrategias de promoción y ascenso social. En este sentido, una aproximación multidimensional cobra aún más relevancia si consideramos que el bienestar depende finalmente de un conjunto de variables personales, familiares y contextuales que interaccionan y cambian constantemente. Investigaciones emprendidas bajo una aproximación multidimensional permitirán no sólo analizar la movilidad desde diversas dimensiones hasta ahora testeadas de forma separada, sino que también identificar las interacciones entre esas dimensiones y jerarquizarlas en términos de su impacto en las dinámicas de movilidad ascendente, descendente e inmovilidad a lo largo de la trayectoria individual. Bajo este enfoque, podríamos responder a algunos vacíos de conocimiento, de los cuales se sabe poco o nada en Chile, tales como: ¿Cuáles son los promotores y barreras más importantes para lograr movilidad social ascendente? ¿Cómo interactúan los distintos recursos y capacidades en etapas claves de la vida de una persona? ¿Qué factores explican que ciertas personas tiendan a lograr ascenso social y otras mantengan su posición?

Particularmente en Chile, se sugiere que futuras investigaciones analicen el impacto del capital social en la movilidad social, identificando cómo funcionan los procesos de intercambio de favores, “pitutos”, contactos e información en la población. Además y considerando la importancia de algunos factores adscritos, los análisis de movilidad social deberían diferenciar por grupos de interés. Estudios basados en la población general pueden ocultar importantes matices y diferencias en las oportunidades de movilidad social o reproducción de la desigualdad en segmentos específicos de la población. Sabemos por ejemplo que existen disparidades de género en el mercado laboral que favorecen a los hombres, y que en Chile existen relevantes desigualdades socioeconómicas entre Santiago y sus regiones (Mac-Clure y Calvo, 2014; Arriagada, 2010). Sin lugar a dudas, información detallada sobre los patrones de movilidad social en Chile controlando por variables como el género, territorio, edad, y pertenencia étnica, es crucial para orientar de forma eficiente las políticas sociales que busquen promover oportunidades y reducir las brechas de desigualdad social.

Adicionalmente a estos esfuerzos teóricos por conceptualizar la movilidad social desde un enfoque multidimensional, existe también un desafío metodológico por capturar las asociaciones y jerarquizaciones entre diversas dimensiones. A pesar que Chile ha mejorado significativamente sus procesos de recolección de información estadística y que los investigadores y ciudadanía en general tienen acceso a las bases de datos, aún es necesario mejorar los procesos de recolección de información, especialmente en lo referido al tipo de dimensiones e indicadores considerados en el diseño de las encuestas y a la periodicidad en el levantamiento de información.

En términos de diseño, se recomienda incluir nuevas dimensiones en las encuestas nacionales más relevantes, de modo de superar el estudio de la movilidad social basado en ocupación, educación e ingresos. Aprendiendo de diseños complejos y sistemáticos a nivel internacional, Chile debería recopilar información que permita complejizar nuestra evaluación del bienestar. Algunas dimensiones sugeridas son capital social, en términos de tipo, frecuencia y densidad de las redes sociales; capital cultural, medido más allá de los máximos niveles educacionales adquiridos e incorporando indicadores de consumo cultural y antecedentes de la familia de origen, con indicadores que aborden no sólo la ocupación y los máximos niveles de escolaridad de los padres, sino que indicadores que consideren el estatus socioeconómico del contexto de origen, de modo de facilitar el desarrollo de estudios complejos acerca de la transmisión intergeneracional de recursos y oportunidades. Además, se recomienda la incorporación de algunos aspectos subjetivos asociados a la medición de la movilidad social. Por ejemplo, indicadores sobre percepción del estatus socioeconómico, prestigio, percepción del bienestar físico, mental y material y expectativas personales respecto al futuro. Finalmente, se sugiere una evaluación más compleja del estatus económico, medido de manera insuficiente sólo a través de los ingresos. En este sentido, los estudios de movilidad social deberían tender a incorporar al capital económico, basado además en el patrimonio personal y familiar, en los ahorros e inversiones y en la capacidad de endeudamiento como suele ser común en la evidencia internacional (Koch, 1999; Corak, 2006; Grusky y Weeden, 2006; Méndez, 2006; Silva y De Filguereido, 2013; Espinoza y Núñez, 2014).

Por otra parte, la periodicidad en la recolección de información es un aspecto que debe ser perfeccionado. Interesantes estudios sobre movilidad intergeneracional han sido posibles debido a la aplicación de encuestas longitudinales con un gran número de observaciones a lo largo del tiempo. Es recomendable que Chile genere esfuerzos en ésta línea, de modo que estudios de movilidad intrageneracional basados en las trayectorias individuales puedan ejecutarse en el futuro y efectivamente, podamos transitar a una nueva perspectiva de estudio de la movilidad social.

De la mano del proceso de recolección de información, la investigación nacional también requiere actualizar y complejizar las técnicas utilizadas para analizar la información existente. Actualmente, y dado que existen vinculaciones teóricas entre movilidad y desigualdad social, muchas de las técnicas económicas aplicadas en el último caso están siendo utilizadas para estudiar patrones de movilidad. Por ejemplo, el uso de análisis longitudinales en estudios biográficos o la aplicación de análisis factoriales tanto exploratorios como confirmatorios, análisis multinivel y modelos de ecuaciones estructurales para capturar asociaciones entre múltiples dimensiones son aplicaciones empíricas presentes en la literatura internacional, pero aún no desarrolladas para la comprensión de la realidad chilena. La formación de capital humano en el área metodológica y la creación de equipos multidisciplinares en los cuales la experticia teórica esté acompañada de la habilidad metodológica se vuelven fundamentales para emprender estudios técnicamente más complejos y novedosos.

Finalmente, aunque la movilidad social es una temática que tendió a desaparecer de los intereses investigativos nacionales durante la última década, hoy en día surge fortalecida, en estrecha relación con los problemas y desafíos de una sociedad altamente desigual que requiere tender hacia un mayor bienestar en la población chilena.

Referencias

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ÍNDICE

Presentación

Agradecimientos

Capítulo I – Arte, Música y Teatro

  1. Matices Grises: Pieza para Piano Solo
    Marcos Stuardo
  2. “Teatro Aplicado” y Convivencia Escolar
    Juan Francisco Palma
  3. Teatro Chileno y Política: de Macro y Micropolíticas hacia un “Giro Ciudadano”
    Camila González

Capítulo II – Ciudad y Políticas Públicas

  1. Agroindustria Chilena Sustentable: Un Largo Camino que Recién Comienza
    Ximena Schmidt
  2. Comportamiento Peatonal en Espacios de Circulación Tren-Andén
    Sebastián Seriani
  3. Determinantes de la distancia de viaje a la escuela en Santiago de Chile
    Christian Blanco
  4. Drogas Ilícitas: ¿Un Problema de Justicia Criminal o de Política Social?
    Gonzalo Mardones
  5. Riesgos y Desastres en Chile: Las Causas de Fondo de la Vulnerabilidad
    Vicente Sandoval
  6. Movilidad Social en Chile desde una mirada Multidimensional
    Marjorie Baquedano
  7. Vivienda Social como Ciudad: Elementos Ausentes en Chile
    José Manuel Ahumada

Capítulo III – Derecho

  1. Abusos en el Control de Empresas y Propuestas para Chile
    Manuel Ibáñez
  2. El Centro de Principales Intereses del Deudor en el Derecho Concursal Chileno
    Carlos Ellenberg

Capítulo IV – Educación

  1. Docentes y Evaluación: Una Aproximación a las Experiencias Docentes en Torno a la Evaluación en Dos Contextos Educacionales
    Paulina Rojas
  2. Hacia un giro en las reformas educativas para una calidad equitativa
    Pablo Torres y Rodrigo Torres

Capítulo V – Física

  1. La Físca de Partículas en Chile
    Giovanna Cottin

Capítulo VI – Identidad y Cultura

  1. Memoria Colectiva y Patrimonio a través del Lenguaje Rapa Nui
    Catalina Herrera
  2. Mapuche-Warriache e Identidad Étnica Organizacional: Una Mirada Teórica
    Dana Brablec

Capítulo VII – Psicologia y Salud Mental

  1. Cooperación Interdisciplinaria en el Estudio de los Desórdenes Psiquiátricos en Chile: Una Deuda Pendiente
    Pablo López-Silva
  2. Estrategias Colaborativas para subvertir el estigma de vivir con VIH/SIDA
    Angélica Cabezas
  3. Reflexiones sobre el Duelo y el Trauma en la Matriz Social Chilena
    Ignacia Moreno
  4. Salud mental e infancia en Chile: desde la oferta pública a la invisibilización de la infancia actual
    Sebastián Rojas

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