Reflexiones sobre el Duelo y el Trauma en la Matriz Social Chilena(1)

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A través del psicoanálisis, el concepto de duelo ha sido abordado en relación a la distinción entre “duelo normal” y “duelo patológico” o “melancolía”. La aparente obviedad en focalizarse en el duelo patológico y concebir al duelo normal como un estado común y natural permite preguntarse qué es lo que está implicado en esta reacción normal.

Una respuesta normal frente a la pérdida no es algo que debe ser naturalizado. Por el contrario, dicha normalidad amerita ser mirada con detención para así comprender qué es lo que le otorga el adjetivo de normal a una reacción. Por una parte – si el duelo normal es considerado un estado común y natural – resulta curioso pensar cuál es el rango del dolor experimentado para que éste sea considerado normal y no patológico. Por otra parte, cabe preguntarse en qué medida la normalidad de esta reacción tiene relación con una previa identificación del “yo” con el objeto perdido – donde se logró internalizar los sentimientos ambivalentes – o, más bien, dicha normalidad se corresponde con un reconocimiento social frente a lo perdido.

Autores como Sigmund Freud y Melanie Klein comparten la idea sobre la importancia que posee la prueba de realidad en el trabajo del duelo. En el duelo normal la realidad establece su “veredicto” diciendo que el objeto perdido ya no existe más (Klein, 1940: 1). Sin embargo, hay casos en que la realidad no es clara en su veredicto y/o donde la sociedad tiende a negar y ocultar ciertas pérdidas.

Desde el psicoanálisis, es sabido que una sociedad que intenta reprimir y/u olvidar el pasado lo único que consigue es repetir su historia en el presente; repite sus inhibiciones y síntomas. La superación de la resistencia es posible en la medida que ésta sea puesta al descubierto por el individuo y luego éste la re-elabore (Freud, 1914).

Específicamente, la idea de este ensayo es problematizar el trabajo de duelo en los casos de los familiares de detenidos desaparecidos ocurridos en Chile bajo el régimen del General Pinochet. A partir de lo anterior, cabe preguntarse: ¿Es posible para estos familiares realizar un trabajo de duelo cuando la realidad es ambivalente en su veredicto? (el objeto ya no existe y el cadáver no aparece). ¿Es posible para los familiares elaborar una pérdida sin un reconocimiento social de los hechos históricos?

Como hipótesis, es posible sugerir que si bien la elaboración de la pérdida en los casos de los familiares de detenidos desaparecidos pone en juego claramente elementos intra-psíquicos, resulta esencial para ella y como elemento base, el reconocimiento social y moral de lo acontecido. Dicha validación no solamente legitima los hechos, sino también, le otorga un lugar visible y concreto al dolor y a los significados asociados a la pérdida.

Si bien un duelo individual no es homologable a un duelo social, lo que se propone es que en el caso de los familiares de detenidos desaparecidos la experiencia de pérdida vivenciada individualmente posee ineludiblemente un correlato social debido a que el origen del conflicto es social (ILAS, 1999).

Revisión y Discusión Teórica

Al iniciar el recorrido bibliográfico sobre el duelo desde una perspectiva psicoanalítica, resulta central detenerse en Sigmund Freud y en su texto “Duelo y Melancolía” (1917). Freud menciona que: “el duelo es, por regla general, la reacción frente a la pérdida de una persona amada o de una abstracción que haga a sus veces, como la patria, la libertad, un ideal, etc.” (1917: 241). Una vez que la realidad muestra que el objeto perdido ya no existe, el individuo sustrae la libido del objeto para luego depositarla en un nuevo objeto y de esta manera, el yo queda nuevamente libre (ibíd.).

Freud, al enfatizar las diferencias existentes entre duelo y melancolía, menciona que en esta última es característico la “perturbación del sentimiento de sí” lo cual no está presente en el duelo (ibíd.). A su vez, señala que en la melancolía existe gran material inconsciente vinculado a la pérdida ya que el individuo si bien sabe a quién perdió, no es consciente de qué es lo que perdió tras esta pérdida (ibíd.).

El trabajo que opera en la melancolía es distinto al del duelo. Si bien el individuo sustrae la libido del objeto perdido, ésta no se re direcciona hacia un nuevo objeto, sino más bien la libido libre se deposita en el “yo” y así una parte de éste se identifica con el objeto perdido. Sin embargo, al predominar en la melancolía una relación ambivalente con el objeto perdido tanto amor como odio habitan en el “yo”. El amor, visto en la identificación del “yo” con el objeto, y el odio, visto en la acción crítica y sádica del “yo” hacia el mismo objeto (Freud, 1917).

Esta ambivalencia propia de la melancolía puede haber pre-existido y evidenciar cómo el “yo” se relacionó inicialmente con los objetos, o más bien, puede ser el resultado de la experiencia frente a la amenaza de pérdida. Sin embargo, tanto en uno como en el otro se producen en el “yo” conflictos entre amor y odio hacia el objeto, ubicándose dichas luchas en el sistema inconsciente (Freud, 1917).

Por su parte, Melanie Klein no habla de melancolía, sino más bien realiza una diferenciación entre “duelo normal” y “duelo patológico”. En su texto “El Duelo y su Relación con los Estados Maniaco-Depresivos” (1940) señala que en ambos tipos de duelo se reactiva la posición depresiva infantil. En el “duelo normal”, el individuo a través del manejo de estrategias análogas a las que ocupó durante su infancia logra superar la posición depresiva que se reactiva tras la pérdida actual, lo que le permite reconstruir su mundo interno. En el “duelo patológico”, en cambio, el individuo en su infancia nunca logró superar la posición depresiva y, por lo tanto, no consiguió “establecer objetos buenos internos y de sentir seguridad en su mundo interno” (Klein, 1940: 27).

Cuando el adulto experimenta la pérdida real del objeto amado, aumentan sus fantasías inconscientes respecto a la posibilidad de “haber perdido también los objetos buenos internos” (Klein, 1940: 10). El individuo en duelo teme que su mundo interno se vea fragmentado tras la supremacía de objetos internos malos (ibíd.).

Klein, a diferencia de Freud, no solamente considera que el sujeto en duelo tiende a establecer en el “yo” el objeto perdido. Sostiene, también, la reinstalación en el “yo” de los objetos buenos internalizados que se hicieron parte en la infancia temprana del mundo interno (ibíd.).

Cabe mencionar que, si bien existen puntos de diferencia entre Freud y Klein respecto al duelo, también se reconocen elementos comunes. Ambos autores enfatizan el proceso de introyección en el “yo” y la importancia de la prueba de realidad para posibilitar la elaboración del duelo ya sea tanto en la infancia temprana como en la experiencia de pérdida de un objeto amado por parte de un adulto.

Acorde a la temática del duelo, es pertinente referirse al artículo “The Morality of Loss – The Social Construction of Mourning and Melancholia” (1991) escrito por Martha Fowlkes. La autora, plantea que uno de los criterios por los cuales se ha tendido a concebir a un duelo como normal en vez de patológico, ha sido porque en el primero existe una correspondencia entre cómo el sujeto que ha sufrido la pérdida entiende a ésta, y cómo su pérdida es comprendida por los demás.

Si bien la autora reconoce la pérdida como una experiencia individual, enfatiza la esfera social en que también está inscrito el duelo. La recuperación del doliente está supeditada al reconocimiento de la pérdida por parte de los otros sociales. Sin esta ratificación la posibilidad de reintegración del doliente se ve perturbada y se incrementan los sentimientos de aislamiento. Ante la indolencia social frente a la pérdida, el doliente puede llegar a poner en tela de juicio el significado de lo perdido y la validez de su propio dolor (Fowlkes, 1991).

En el caso de los familiares de detenidos desaparecidos, la reacción a la pérdida de la persona amada no solamente puede barajarse en términos de duelo o melancolía. La detención y luego desaparición de un ser querido también puede configurarse como un trauma para los familiares de la víctima.

Caroline Garland entiende el trauma como un “tipo de herida” (Garland, 1998: 9) y define a un evento traumático como: “uno que, para un individuo en particular, rompe o anula el proceso discriminatorio, o de filtro, y anula cualquier negación temporal o manifestación de los daños. La mente se inunda con un tipo y con un grado de estimulación que es mucho más de lo que puede entregar sentido o ser manejable” (ibíd: 10).

Al igual que Klein en el caso del duelo normal y patológico, Garland enfatiza que tras experimentar un trauma se activan en el individuo las fantasías inconscientes de persecución adquiriendo relevancia los objetos malos internos. Tras el evento traumático, el individuo pierde credibilidad en el mundo exterior y luego, en sus objetos buenos internos los cuales cumplían hasta entonces una función de protección y contención (ibíd: 11).

Por su parte, Cathy Caruth también se adhiere a la noción de trauma como herida, específicamente como una “herida de la mente” (Caruth, 1996: 4). Sin embargo, a diferencia de Garland, Caruth enfatiza la reiteración literal del trauma. Es decir, que a través de las repeticiones de un evento traumático en sus diversas formas (pesadillas, flashbacks, etc.), se reproduce el trauma de manera fiel a cómo éste ocurrió.

Este supuesto olvido del registro del trauma, ya sea a nivel cognitivo o somático, es cuestionado por Michael Lazzara (2007) quien señala que el foco del problema está en la ausencia de modos narrativos en los cuales el trauma pueda ser organizado y no en la imposibilidad de su registro.

Ahora bien, cabe destacar dentro de la propuesta de Caruth la idea que en el trauma no se transmite el pasado individual de un sujeto, sino que más bien se transmite la historia. En palabras de la autora el trauma transmite “la voz de un Otro”, es un “encuentro con otro” (Caruth, 1996: 8). Este planteamiento resulta relevante en el caso de los familiares de detenidos desaparecidos ya que el trauma de los familiares trasmitiría la verdad histórica de un país y no una verdad individual. En dichos casos, el problema se focaliza en la elaboración de la pérdida. Esto, debido a que no cuentan con ciertos elementos que son comunes en situaciones de pérdida habituales tales como: información acerca de las razones de la muerte, conocimiento acerca del lugar donde se encuentra el cadáver, y la posibilidad de velar y enterrar a la persona amada perdida vinculada a una apropiada respuesta social (Molina Theissen, 1996).

Pelento y Braun de Dunayevich (1985) plantean la imposibilidad de la elaboración del duelo en los casos de los familiares de desaparecidos. Proponen que muerte y desaparición no poseen las mismas consecuencias en el psiquismo y que en estos casos se produce: “a) la existencia en el espacio de la mente, primero de un objeto desaparecido y luego de un muerto sin sepultura; b) la pérdida del microgrupo social de referencia y de pertenencia, y c) la pérdida del macrogrupo social” (Pelento y Braun de Dunayevich, 1985: 1392).

La desaparición, como un estado que se sitúa entre la vida y la muerte, impide que los familiares realicen un cierre psicológico con el objetivo de elaborar la pérdida (Lazzara, 2007). En palabras de Lazzara: “…la desaparición constituye una “pérdida sin objeto”, una ausencia que, a la vez, entraña una presencia que existe y persiste únicamente en la esfera de la memoria” (Ibíd.: 167).

Pelento y Braun de Dunayevich (1985) proponen que en los casos de familiares de desaparecidos la pérdida se rige bajo un modelo basado en el “vacío, relleno y reestructuración” (Pelento y Braun de Dunayevich, 1985: 1392). A nivel individual, este vacío se relaciona con la noción de desaparición (negar y ocultar), y por ende el aparato psíquico es incapaz de acceder a “percepciones, recuerdos y representaciones” (ibíd.: 1393). El individuo no es capaz de elaborar la pérdida y constantemente posee la ilusión que ocurrirá un reencuentro con la persona amada perdida lo cual, a su vez, incrementa el sentimiento de vacío (Molina Theissen, 1996).

Este vacío también se visualiza en la esfera social. Por una parte, el microgrupo social de pertenencia en el cual el familiar se identifica se descompone por miedo al contagio; y, por otra parte, el macrogrupo social pierde los referentes que regularmente regían la convivencia inhibiéndose así la culpa y predominando el silencio y la negación (Pelento y Braun de Dunayevich, 1985).

A nivel individual, este vacío se tiende a rellenar a través de pensamiento mágico y conductas repetitivas debido a la alteración producida sobre la capacidad de pensar. A nivel social, comienzan a prevalecer la elaboración de mitos (ibid.).

Luego del vacío y relleno, Pelento y Braun de Dunayevich (1985) proponen la reestructuración en su modelo, la cual está estrechamente vinculada con el ejercicio de reconocer lo ocultado y negado tanto a nivel individual como social.

Específicamente, en el caso de los familiares de detenidos desaparecidos en Chile, el reconocimiento y/o validación social de dichas pérdidas ha sido un proceso lento e incluso, en muchos de ellos, se desconoce aún el paradero de los cuerpos.

Los familiares de los detenidos desaparecidos sienten el daño causado por la sociedad a partir de la perpetuación de la negación y silenciamiento. Esta deslegitimación oficial provoca en los familiares una perturbación en sus relaciones con el mundo exterior al sentirse marginados socialmente y a su vez, les imposibilita experimentar comunitariamente la pérdida (Chile. Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación, 1991).

En el caso de los familiares de los detenidos desaparecidos resulta esencial el acceso a la verdad para recién iniciar el proceso de elaboración de la pérdida. Sin embargo, el acceso a la verdad no es un asunto netamente individual sino también social. Dicho acceso, conlleva la realización de un duelo social en el cual todos los individuos de la sociedad sean capaces de internalizar y elaborar de forma depresiva lo sucedido (ILAS, 1999).

Cabe señalar que el acceso a la verdad por parte de los familiares no consiste necesariamente en el encuentro con el cadáver del desaparecido. Más bien, se plantea que este acceso a la verdad implica un reconocimiento y validación de lo sucedido en términos individuales como sociales que permita a los familiares elaborar la pérdida. Y, de este modo, que lo ocurrido pueda ingresar en un modo narrativo para ser visualizado y luego tramitado.

Investigación

El trabajo de duelo, en caso de los familiares de detenidos desaparecidos, será explorado a través dos testimonios que buscan los cuerpos de sus familiares que aparecen en el documental “Nostalgia de la Luz” (2010) de Patricio Guzmán.

Es pertinente mencionar que en ninguna medida se pretende analizar estos testimonios como casos clínicos. Más bien, éstos serán concebidos como representaciones de experiencias de duelo cuando no hay evidencias concretas de la pérdida considerando que son testimonios individuales editados en el marco de un documental.

El hecho de explorar la experiencia de duelo por medio de estos testimonios, conlleva la idea de la utilización de documentos y artefactos culturales como medio para concretizar la discusión sobre la elaboración de la pérdida en un contexto particular.

El documental como artefacto cultural no es algo objetivo en sí. Más bien, en él está inscrito una visión y perspectiva particular de la realidad. Al trabajar con el documental “Nostalgia de la Luz” se está frente a una narrativa e interpretación específica de la realidad y no, ante la realidad fáctica per sé.

Específicamente en el contexto de la post-dictatura chilena, Lazzara (2007) señala que las diversas estrategias artísticas utilizadas como representación de la memoria de la violencia política ejercida bajo dictadura, han abordado el tema de la desaparición desde una relación dialéctica. Algunas de ellas enfatizando la ausencia y otras marcando la presencia.

El documental, al ser una estrategia artística más, puede ser entendido como representación de una memoria particular. Memoria que no tiene que ver con el descubrimiento e identificación del cuerpo perdido, sino más bien con la creación de una narrativa que posibilita que los desaparecidos sean reconocidos y recordados (Lazzara, 2007).

Los testimonios escogidos que aparecen en el documental, pertenecen a Victoria y Violeta, dos mujeres que buscan los restos de sus familiares detenidos desaparecidos en el desierto de Atacama.

Victoria, busca los restos de su hermano José. Durante los años de búsqueda, se han encontrado restos del cuerpo de su hermano: un pie y partes de su dentadura, frente, nariz, cráneo, y oreja.

A través de estos hallazgos, es posible sugerir que Victoria es capaz de inscribir la desaparición y luego la muerte de su hermano en una narrativa particular. Es decir, es capaz de hipotetizar sobre qué es lo que le hicieron y cómo lo mataron; es capaz de armar un relato sobre lo sucedido.

A su vez, dichos hallazgos en el caso de Victoria, posibilitaron que tomara consciencia de la muerte de su hermano; y, de esta manera, que se produjera en ella un cambio en el estatuto de “desaparecido” por la de “asesinado”. Específicamente, el reencuentro con el pie de su hermano le permite enfrentarse con la falta:

“…Al día siguiente mi marido se fue a trabajar y pasé toda la mañana con el pie de mi hermano. Estábamos reencontrándonos. Fue el gran reencuentro y quizás la gran desilusión también porque en ese momento yo recién tomé consciencia de que mi hermano estaba muerto” (Victoria Saavedra en “Nostalgia de la Luz”, 2010).

Violeta, en cambio, busca los restos de su marido. De Mario, sólo se ha encontrado una mandíbula. Sin embargo, es posible sugerir que el reencuentro que tiene Violeta con este hueso de su marido no posibilita el cambio de estatuto antes descrito. Violeta no quiere una parte del cuerpo de Mario, ella lo quiere completo.

Por medio del testimonio que nos entrega Violeta, es posible hipotetizar un sentimiento de desconfianza generalizada. Esta desconfianza no es solamente hacia el Estado, sino también hacia la sociedad. Y, dicha incredulidad, ubica a Violeta en un territorio de nadie perpetuándose en ella un sentimiento de aislamiento frente al discurso oficial. La desaparición de Mario y su dolor, quedan marginados de la historia:

“…Pero yo creo que ellos son felices a medida que van quedando solos, que van quedando menos mujeres. Menos problema. Porque nosotros somos un problema. Para la sociedad, para la justicia, para todos somos un problema. Yo siempre digo que a nosotros nos miraron como el pelo de una cola de un perro. Somos la lepra de Chile…” (Violeta Berríos en “Nostalgia de la Luz”, 2010).

En Violeta, lo que la moviliza es la esperanza de reencontrase con su marido entero. Sin embargo, es posible sugerir que estas expectativas de reencuentro, reflejadas en la persistencia de seguir buscándolo, es a su vez lo que le permite perpetuar su dolor y así seguir ligada a Mario:

“…Pero la esperanza da mucha fuerza. La esperanza, mira han sido tantas veces que hemos ido con la Vicky a la pampa…tantas, tantas…que hemos ido con tantas esperanzas y nos hemos venido con la cabeza metida en la tierra. Pero la hemos sacado…nos hemos sacudido y hemos partido nuevamente al otro día con las mismas o con más esperanza, con más ganas, con más deseo de encontrarlos” (Violeta Berríos en “Nostalgia de la Luz”, 2010).

En el caso de Violeta, se plantea que es la esperanza y la búsqueda lo que en parte le facilita, de un modo inconsciente, no dar por muerto a su marido y de esta forma no elaborar la pérdida.

Por medio de lo mencionado anteriormente, es posible sugerir que el testimonio de Victoria estaría más cercano a la elaboración del duelo y el de Violeta en cambio, al de melancolía. Sin embargo, esta propuesta tiene validez únicamente a la hora de analizar la predominancia de ciertos elementos por sobre otros que son característicos de cada proceso. Pero, no quiere decir que en el testimonio de Victoria no se perciban elementos vinculados a la melancolía o, más bien, la ausencia de elementos que son comunes en la elaboración del duelo.

Si bien, se sugirió que, por medio de los hallazgos de algunos huesos del cuerpo de su hermano, Victoria es capaz de crear un relato acerca de lo sucedido, dicha narración posee un carácter individual. Existe un esfuerzo en la esfera individual por realizar en el aparato psíquico un cambio de la figura de desaparecido por la de asesinado, pero hay una ausencia de elementos sociales fundamentales para la elaboración del duelo que nos permite cuestionarnos cómo y en qué medida este aparente cambio de estatuto se sostiene en Victoria. Dichos elementos sociales se relacionan con: poseer información acabada acerca de qué fue lo que sucedió, el lugar donde se encuentra el cadáver completo (no solamente partes de su cuerpo), y la posibilidad de enterrar y velar a su hermano con respaldo de la comunidad.

En la casa de Victoria se produce el reencuentro con el pie de su hermano. Ahí, es donde ella lo mira, lo huele, y termina por constatar su muerte. Este momento de unión, podría ser pensado como un ritual frente a la pérdida. Sin embargo, resulta curioso que este aparente velatorio posea nuevamente un carácter individual lo cual visibiliza la falta de inscripción de la desaparición, muerte, y sufrimiento de Victoria en la matriz social.

A su vez, el hecho que Victoria y Violeta busquen los cuerpos de sus familiares en el desierto, es una iniciativa y esfuerzo mancomunado de ellas junto a un grupo de mujeres que viven la misma situación. No se trata de una iniciativa propiciada por el Gobierno ni por instituciones estatales. Son ellas quienes se organizan y, junto a su pala, se dirigen al desierto al reencuentro con el objeto amado perdido. Si bien, la agrupación con otras mujeres podría promover en ellas sentimientos de referencia e identidad, estos se desarrollan a un nivel micro y no macro social. Nuevamente, su búsqueda queda supeditada a la sumatoria de esfuerzos y de experiencias individuales.

Pensar que en Victoria el cambio en la relación de objeto está supeditado únicamente por elementos intra-psíquicos, sería un ejercicio reduccionista a la hora de abordar la temática del duelo. Esto, debido a que suprimiría el papel que juega la prueba de realidad y el reconocimiento social frente a la pérdida.

Se propone que, en dicho cambio de estatuto, el hecho de haber aceptado ser entrevistada en el documental contribuyó a que Victoria inscribiera lo sucedido con su hermano y su sufrimiento en un registro simbólico. Es decir, el documental – como artefacto cultural – le brinda la oportunidad que la desaparición y muerte de su hermano no haga eco únicamente en un relato particular; sino, más bien, que éste quede inscrito en un modo narrativo más amplio.

Para finalizar este análisis, es pertinente detenerse en una de las últimas escenas del documental. En ésta, aparece Victoria, Violeta, y el astrónomo Gaspar Galaz. Los tres se encuentran en un observatorio y si bien mantienen una conversación, ésta no se escucha. En la escena sólo se oye una música de fondo. El telescopio se mueve, las puertas de la cúpula están abiertas hacia al cielo y el astrónomo ubica las escaleras. Victoria es la primera en subirse y mirar por el telescopio. Luego, Violeta se sienta junto a Victoria y ésta última le señala por donde mirar. Ahora es Violeta quien mira por el telescopio.

Es posible sugerir que la importancia de esta escena se vincula con la posibilidad que estas dos mujeres puedan y quieran mirar hacia el pasado desde un tiempo presente. Las mujeres deciden sentarse a mirar el cielo, que al igual que el astrónomo, mira al pasado y se pregunta sobre el nacimiento y origen del universo desde un momento presente.

Propongo que esta escena entrega la posibilidad de repensar el pasado desde un tiempo segundo en el cual existe un espacio de articulación entre pasado y presente, entre objetividad y subjetividad, entre historia y fantasía. La creación de este espacio articulador entre las diversas tensiones se refleja en el hecho que las mujeres quieran mirar el pasado no solamente en la tierra, específicamente en el desierto, sino que decidan mirar el pasado a través del cielo.

Siguiendo esta línea de argumentación, es posible sugerir que esta escena en sí promueve la capacidad de simbolización la cual está reflejada en la posibilidad que Victoria, Violeta, y también los espectadores, re-signifiquen el pasado en tiempo presente.

La decisión de Victoria y Violeta de mirar el cielo a través del telescopio, es concebido como un acto de valentía. Mujeres que han estado durante años ancladas a la tierra buscando a sus familiares, se atreven ahora a mirar hacia el cielo. Lo anterior, implica mirar el pasado desde otra perspectiva, atreverse a mirar el universo – el pasado – sin tener temor a caer en pedazos en el vacío. Implica un movimiento, una dialéctica, hacer memoria.

Conclusión

A modo de conclusión, es posible sugerir que en los casos de familiares de detenidos desaparecidos la posibilidad de iniciar un proceso de elaboración del duelo implica, necesariamente, un cambio en el aparato psíquico de la figura de “desaparecido” a la de “asesinado”. Es decir, el hecho de dar por muerto a la víctima resulta indispensable para que los familiares puedan tener, recién ahí, la posibilidad de elaborar el duelo.

Sin embargo, este cambio en la figura de la víctima sólo es posible de llevar a cabo en la medida que exista un cruce de elementos tanto individuales como sociales. El constatar la muerte del desaparecido pareciera no reducirse a un esfuerzo individual ni tampoco al reencuentro con el cadáver de la víctima. Más bien, implica que el Estado, sus instituciones y la sociedad en general, elaboren las pérdidas. Y esto, sólo es posible en la medida que haya un reconocimiento y validación social de lo sucedido en términos de violaciones de derechos humanos durante la dictadura militar.

La posibilidad que los familiares de detenidos desaparecidos ingresen al proceso de elaboración de la pérdida conlleva indispensablemente una reconstrucción de la confianza por los imperativos sociales; la necesidad de saberse y sentirse ya no más como seres marginados sino como sujetos parte de un micro y macro grupo social. Pero lo anterior no es posible de ser pensado a partir de una voluntad personal por recobrar esa confianza. Implica más bien que la sociedad entera ingrese tanto a los detenidos desaparecidos como también a sus familiares y su dolor, a la historia y narrativa oficial y de este modo, entregue señales claras y visibles de reconocimiento y reparación.

En este tipo de casos, por un lado, la prueba de realidad es ambivalente en su veredicto porque los familiares no poseen acceso a la información acerca de lo sucedido ni tampoco saben dónde está el cuerpo de la víctima. Por otro lado, e inclusive aún más importante, la ambivalencia de su dictamen está dada porque, lo que para algunos pocos es un dolor y una realidad, para otros no necesariamente lo es. De este modo, se vuelve imprescindible que para que los familiares sean capaces de re-significar el objeto perdido, ya sea facilitado o no por el hallazgo de su cadáver, cuenten con un correlato en lo social para que así el trabajo del duelo se pueda sostener.

Si bien no hay que desconocer la existencia de ciertos actos promovidos por el Estado que han permitido a los familiares de los detenidos desaparecidos, en parte, inscribir lo sucedido a nivel simbólico (tal como la creación en 1990 de la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación), se plantea que aún hay un largo camino por recorrer en términos sociales para que se pueda hablar de la posibilidad de duelo en este tipo de casos.

Ahora bien, la mera posibilidad que los familiares de detenidos desparecidos se acerquen al duelo en contraste a la melancolía, reflejaría que la pérdida obtuvo uno lugar visible ya no sólo para el doliente sino también para otros. Y eso, sin duda, sería un gran paso.

Referencias

Caruth, C. (1996). Unclaimed Experienced: Trauma, Narrative and History. Baltimore: Johns Hopkins University Press.

Chile. Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación. (1991). Informe de la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación. Disponible en [acceso 11/08/2015]: http://www.ddhh.gov.cl/ddhh_rettig.html.

Fowlkes, M. (1991). The Morality of Loss. The social construction of mourning and melancholia. Contemporary Psychoanalysis Journal. Vol. 27, N°3, pp. 529-551.

Freud, S. [1915] (1917). Duelo y melancolía. Tomo XIV. Buenos Aires: Amorrortu, 1986.

Freud, S. (1914). Recordar, repetir y reelaborar. Tomo XII. Buenos Aires: Amorrortu, 1986.

Garland, C. (Ed). (1998). Understanding Trauma. A Psychoanalytic Approach. The Tavistock Clinic Series, 2nd ed. London: Karnac Books.

Instituto Latinoamericano de Salud Mental y Derechos Humanos (ILAS) (1999). “Los Muertos que no se han enterrado, ¿un duelo imposible?”. ILAS. Vol. I. pp. 15-26.

Klein, M. (1940). El duelo y su relación con los estados maníaco-depresivos. Obras completas, Vol. 1, pp. 1-27.

Lazzara, M. J. (2007). Prismas de la memoria: narración y trauma en la transición chilena. Santiago de Chile: Editorial Cuarto Propio.

Molina Theissen, L. (1996). La Desaparición Forzada en Personas de América Latina. Serie Estudios Básicos de Derechos Humanos, Tomo VII. San José: Instituto Interamericano de Derechos Humanos.

Moreno Maira, I. (2014). Exploration of Mourning: Reflections on the Recovery of Memory. (Tesis inédita de Maestría). Tavistock and Portman NHS Foundation Trust & University of East London, Londres.

Sachse, R. (productor). Guzmán, P. (director). (2010). Nostalgia de la Luz [documental]. Francia/Alemania/Chile: Atacama Productions.

Pelento, M. y Braun de Dunayevich, J. (1985). La Desaparición: su repercusión en el Individuo y en la Sociedad” Revista Argentina de Psicoanálisis-APA. Vol. 85-86, pp. 1391-1399.

ÍNDICE

Presentación

Agradecimientos

Capítulo I – Arte, Música y Teatro

  1. Matices Grises: Pieza para Piano Solo
    Marcos Stuardo
  2. “Teatro Aplicado” y Convivencia Escolar
    Juan Francisco Palma
  3. Teatro Chileno y Política: de Macro y Micropolíticas hacia un “Giro Ciudadano”
    Camila González

Capítulo II – Ciudad y Políticas Públicas

  1. Agroindustria Chilena Sustentable: Un Largo Camino que Recién Comienza
    Ximena Schmidt
  2. Comportamiento Peatonal en Espacios de Circulación Tren-Andén
    Sebastián Seriani
  3. Determinantes de la distancia de viaje a la escuela en Santiago de Chile
    Christian Blanco
  4. Drogas Ilícitas: ¿Un Problema de Justicia Criminal o de Política Social?
    Gonzalo Mardones
  5. Riesgos y Desastres en Chile: Las Causas de Fondo de la Vulnerabilidad
    Vicente Sandoval
  6. Movilidad Social en Chile desde una mirada Multidimensional
    Marjorie Baquedano
  7. Vivienda Social como Ciudad: Elementos Ausentes en Chile
    José Manuel Ahumada

Capítulo III – Derecho

  1. Abusos en el Control de Empresas y Propuestas para Chile
    Manuel Ibáñez
  2. El Centro de Principales Intereses del Deudor en el Derecho Concursal Chileno
    Carlos Ellenberg

Capítulo IV – Educación

  1. Docentes y Evaluación: Una Aproximación a las Experiencias Docentes en Torno a la Evaluación en Dos Contextos Educacionales
    Paulina Rojas
  2. Hacia un giro en las reformas educativas para una calidad equitativa
    Pablo Torres y Rodrigo Torres

Capítulo V – Física

  1. La Físca de Partículas en Chile
    Giovanna Cottin

Capítulo VI – Identidad y Cultura

  1. Memoria Colectiva y Patrimonio a través del Lenguaje Rapa Nui
    Catalina Herrera
  2. Mapuche-Warriache e Identidad Étnica Organizacional: Una Mirada Teórica
    Dana Brablec

Capítulo VII – Psicologia y Salud Mental

  1. Cooperación Interdisciplinaria en el Estudio de los Desórdenes Psiquiátricos en Chile: Una Deuda Pendiente
    Pablo López-Silva
  2. Estrategias Colaborativas para subvertir el estigma de vivir con VIH/SIDA
    Angélica Cabezas
  3. Reflexiones sobre el Duelo y el Trauma en la Matriz Social Chilena
    Ignacia Moreno
  4. Salud mental e infancia en Chile: desde la oferta pública a la invisibilización de la infancia actual
    Sebastián Rojas

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